Entrevista con Gabriela De Mola de Dobra Robota
Me gustaría comenzar preguntando por el contexto en el que se fundó Dobra Robota en 2016. Siento que por esos años se dio un terreno bastante fértil para libros, colecciones y editoriales sobre música. Hubo varios libros como, por ejemplo, “Retromanía” de Simon Reynolds, “Los fantasmas de mi vida” de Mark Fisher o “Océano de sonido” de David Toop, que tuvieron bastante repercusión y buenas ventas, mostrando que había un público lector para sustentar editoriales centradas específicamente en la música. En su caso, el primer libro que sacaron fue “Touching from a Distance", el libro sobre Ian Curtis y Joy Division. Me gustaría charlar sobre el contexto de esos años y cuál fue la motivación para comenzar con la editorial.
Gabriela: La editorial surgió primeramente para llevar adelante una colección de literatura polaca traducida al español. Prácticamente al mismo tiempo, empecé con la colección de música. Efectivamente, el primer libro de esa colección fue “Touching from a Distance", y le fue súper bien en ese momento; lo reimprimimos un par de veces. Personalmente, me gustó más trabajarlo porque me gusta más editar el ensayo que la literatura. Me resultó natural en todo sentido trabajar con ensayo y con música porque, por supuesto, me gusta muchísimo la música y esa banda en particular, Joy Division, desde la adolescencia. Para mí fue muy significativo hacer ese libro.
El contexto, por lo menos en 2016, como decías, ya venía dado. Había libros de música circulando. Gourmet Musical es la editorial argentina más histórica en esto; no sé si habrá sido la primera. Ellos tienen libros más técnicos. Después también está Caja Negra, que editan libros de música y otras cosas. Y hay también otras editoriales que fueron surgiendo, que tienen otro material, pero quizás tienen un libro de música. El terreno estaba interesante como para hacerlo.
No pensé eso en ese momento, simplemente lo que tenía ganas de hacer. Después, con los años, los lectores se van acostumbrando a que existen este tipo de editoriales. Después se convencen, buscan algo puntual o ya saben lo que haces. Compran porque les gusta tu línea editorial, independientemente del título que estés sacando.
Siento que podemos pensar que hay dos líneas principales de exploración en Dobra Robota. Por un lado, están los libros sobre discos o bandas, más atados a lo concreto, como las traducciones de la serie "33 y 1/3" o el libro de Joy Division. Por otro lado, hay otros libros que creo que están agrupados en la serie Dobra Muzyka, donde hay un enfoque más hacia lo abstracto, hacia la teoría; una serie más centrada en la música experimental. Han traducido y publicado libros como “Generación dakou” y “No importa si no es música” de Yan Jun o “Disonancia social” de Mattin en los que hay un foco más libre. ¿Cómo fueron surgiendo esas dos vertientes?
G: La primera colección fue Dobra Muzyka, que tenía el libro de la vida de Ian Curtis. Al tiempo me asocio con un amigo, también editor, que es el editor de Walden. Nos pusimos a elegir y traducir la colección "33 y 1/3", que es una colección británica que tiene casi 200 títulos a esta altura. Son ensayos sobre discos importantes, icónicos de la historia de la música, rock, pop y otros géneros.
En nuestro caso, vamos leyendo y eligiendo los que más nos cierran. En la selección que hacemos tenemos una mirada más amplia y comercial porque queremos que lleguen a más personas. Después, cada uno en su editorial hace cosas más raras. Por eso yo tengo Dobra Muzyka y tengo otra colección más, Otras Sintonías, que a veces se confunden, que tienen que ver con música experimental y con fenómenos del sonido.
Pienso que tiene que ver, además de la escucha, con los extremos de la música. Un extremo puede ser el ruido en su exceso insoportable; del otro lado, puede ser el silencio. En medio de esos dos extremos, tienes la música, lo que convencionalmente consideramos música, lo que culturalmente decimos "esto es música, esto suena de tal forma aceptada". A mí me interesa explorar estos dos extremos, lo que no está tanto en el medio. Me interesan los extremos, ya sea algo súper ruidoso o algo que sea sonido, sin música, casi silencio.
Pienso que me interesan esos extremos de la música y fenómenos, sonidos que suceden fuera de nuestro rango auditivo, que quizás sentimos como vibraciones —bajas frecuencias, todo eso que sentimos pero no estamos escuchando, pero el cuerpo sí lo recibe. En estas líneas es donde investigo y me interesa publicar.
Como muchas editoriales noveles, comenzaron principalmente con un foco en la traducción, que sigue jugando un rol importante, pero poco a poco también se fueron abriendo paso a la exploración de trabajos propios, que han tenido bastante importancia en los últimos años. ¿Fue el libro "Reynols: Minecxiología"el primer trabajo propio de la editorial? ¿Cómo se fue dando eso y cómo surgió la posibilidad de empezar a crear una obra propia?
G: Es distinto traducir un libro ya editado que hacer uno de cero. Es muchísimo más arduo. Siento más presión, o más exposición, al crear un libro desde la base, porque tienes que tener un eje, una razón, una motivación clara para hacerlo. Me gusta justificar y explicar el porqué. Personalmente, a veces me siento expuesta, pero se me pasa. Lleva muchísimo más tiempo, más años. Si trabajas con más personas, aún más, porque cada uno tiene sus tiempos y trabajos.
Pero cuando el libro ya está en la calle y es bien recibido, como ha pasado con los tres libros propios que han salido, la satisfacción es enorme. Pusiste en circulación, en el discurso público, un tema que no estaba presente o estaba en un nivel más difuso, más inconsciente, y lo bajas a un libro. Es algo tangible, material y finito. Además del desafío de ponerle un punto final, existe esa cuestión de tratar de percibir qué es lo que está en el aire pero que todavía no se termina de materializar. Es muy gratificante cuando se te ocurre un tema, buscas y no hay nada escrito, y dices: "Tengo que hacerlo yo".
En el caso de Reynols, ellos querían hacer un libro que compilara su archivo con fotos e historias que nunca había sido hecho. Querían recordar su carrera y distintos hitos. Con Alan y Roberto, durante la pandemia, hicimos reuniones virtuales de tres o cuatro horas por semana, además de hablar todos los días, para organizar muchísimo material de archivo. Sobre una base de 500 fotos que me pasaron, había que elegir. Ese fue el primer desafío, la prueba de fuego para hacer un libro tan complejo.
Después vino "El sonido de las plantas. Experiencias sonoras con mundos vegetales", que hicimos con Belén Alfaro. Entrevistamos e investigamos a muchas personas en el mundo que estaban haciendo música con plantas, porque, aunque existía el género Music Plants, no había un libro. Había que contactar a esta gente. Investigamos muchísimo para hacer una selección y para conocer la obra de los artistas y preguntarles cosas coherentes. Cuando salió ese libro, fue una locura. Todo el mundo, post-pandemia, se estaba cuestionando qué había pasado, y creo que llegó en el momento adecuado. Llevaba a una cuestión filosófica, a cuestionarse qué tipo de ser humano uno quería ser en este planeta.
Luego está "Un sonido propio. Arte, tecnología y género en las experiencias sonoras de artistas argentinas (1960-1990)", que salió el año pasado. Ese libro, que es el orgullo de Dobra, tardó cuatro años y medio en hacerse. Fue un trabajo súper superador. Implicó convocar a muchas autores y autoras para que investigaran sobre artistas argentinas que habían hecho música electrónica y electroacústica en los años 60, e incluso antes. Había un montón de nombres totalmente desconocidos, historias que estaban completamente enterradas e invisibilizadas. Si bien salió en octubre del año pasado, seguimos haciendo presentaciones. Lo estamos "militando" porque es necesario dar a conocer estas historias.
Sus libros requieren un trabajo previo de selección de material, preparación y edición. Una vez que son tangibles y están disponibles, hay una labor posterior que, siento, demanda un esfuerzo distinto para que lleguen al público y para que más gente se acerque y los conozca. Esto difiere de trabajar con un libro traducido, que ya tiene un peso detrás y la labor es más de importación. Sacar algo nuevo al mundo implica que no haya necesariamente un público asegurado a priori. En ese sentido, ustedes han hecho un trabajo bastante consistente al organizar talleres, laboratorios, charlas y conciertos alrededor de estos lanzamientos. ¿Apuntan a afianzar y crear una comunidad lectora a través de estas actividades?
G: Sí, totalmente. Empezamos a hacer talleres cuando salió "Deep Listening" de Pauline Oliveros, porque es un libro muy práctico. Como tiene ejercicios, es bueno llevarlo a la práctica. Yo no estaba tan segura de hacerlo, justamente porque era muy práctico, pero al mismo tiempo sabía quién era Pauline Oliveros, por medio Reynols que era su amiga. Y dije: "Pauline Oliveros va a estar bien". Y así fue, se tuvo que reimprimir muchísimas veces y sigue girando y circulando. Tiene algo súper mágico: los ejercicios puedes hacerlo en tu casa, en grupo, puedes variarlos. Hemos hecho muchos talleres con reinterpretaciones de cada artista. Lo hemos hecho con Alan Curtis, con Catriel Nievas, con Tatiana Heumann, con Pablo Reche. Cada uno ha reinterpretado algunos ejercicios o les ha dado una vuelta personal. Siempre lo que surge en esos talleres es muy interesante, porque cada uno escucha algo distinto, tiene distintas percepciones, y es posible compartirlo.
Con los años, me fui dando cuenta de que la gente tiene muchas ganas de compartir ciertas experiencias y, a veces, no tiene los ámbitos para sentarse y relajarse, para ponerlo en conjunto. Creo que hoy mucha gente busca esa instancia de encontrarse con desconocidos en los talleres —no es que todo el mundo se conoce— y conectarse con algo más sensible. Uno puede ponerse a escuchar, bajarlo en palabras y, además, escuchar lo que escuchó el otro. Es muy interesante. Para mí, ahí se da toda una magia entre personas que, por supuesto, trasciende el libro, pero es a partir de la puesta en práctica de los libros.
¿Cómo sientes que han evolucionado estas diferentes actividades en el tiempo, desde que comenzaron hasta ahora con las más recientes que han hecho? Me refiero al acercamiento del público, la gente que llega y la respuesta general que han tenido. ¿Cómo ha crecido?
G: Al comienzo se acercaban más artistas, gente de los ámbitos experimentales. También profesionales como docentes y psicólogos, gente que podía aplicar lo que proponemos en sus disciplinas. Después, cada libro trae un público similar, pero varía. Por ejemplo, el libro “Escuchando en sueños” me ha traído gente más grande, personas mayores que yo. “Cartas de la Ballena Silenciosa” ha traído un público femenino impresionante. Intuyo por una relación entre el género femenino y las ballenas, por el canto infrasónico; hay algo ahí. También está relacionado con disciplinas como la meditación, el yoga o las terapias alternativas. Así, no solo está creciendo, sino que va variando entre libros. Los de Yan Jun, por ejemplo, tienen un público mucho más de músico-artista. En el caso de 33 1/3, son fans de bandas.
Si no me equivoco, este año cumplen 10 años de actividades. ¿Cómo ves que ha cambiado el panorama editorial en estos años y cuáles son los planes que tienen a futuro?
G: Sí, efectivamente son 10 años. No hemos festejado el cumpleaños; otras cosas se nos interpusieron, pero ya habrá oportunidad. La idea es continuar esta línea, obviamente, siempre. Lo que quiero para el año que viene ya lo tengo bastante en vista. Este año también sale el libro de Yan Jun “Reflejos”, que es el tercero que editamos de él. Sale un libro de Elena Lucca, una artista y poeta sonora argentina que forma parte de “Un sonido propio”, ella hace talleres y vive en Chaco. Así que sale ese libro y uno más de la serie de 33 1/3. Todavía no puedo decir porque no firmamos, pero ya casi, sale uno más. Después, el año que viene, seguimos en esta misma línea: otros autores nuevos, autores que no estuvieron nunca en Dobra y siempre investigando los fenómenos del sonido. Hay que seguir.